... a su derecha a escasos metros del cristal del coche, aguarda un apuesto hombre, tez morena, rasgos aparentemente europeos, de estatura media y complexión atlética. Porta en sus manos un papel con mi nombre y el símbolo de la compañía. Indiscutiblemente aquel efecto sorpresa a mi llegada, iba a ser mi guía en mis primeras andaduras en la ciudad. Muy caballeroso tras lanzarle una sonrisa, me abre generosamente la puerta. Se inclina ante mi y me besa la mano. Sin saber muy bien como reaccionar, mi respuesta es el sonrojo. Recuperada del lance, me indica con una sorprendente pronunciación, un tanto exótica, que le acompañe a la recepción del hotel. Su ayudante que estaba situado en un papel secundario sería quien me acercara mis pertenencias hasta el hall. Era un hotel impresionante. Poseía una fachada y una estructura muy elegante con una tonalidad de color muy cálida, rodeado a su vez de dos enormes palmeras y un precioso jardín, todo ello reflejado en una enorme fuente con el agua en calma. De película.
Mientras mi encantador guía arreglaba los trámites de mi estancia con el recepcionista, mi mente imaginaba lo afortunaba que iba a ser por recorrer la ciudad tan bien acompañada. Su mente estaba concentrada en su principal motivo de visita al país, su trabajo. Pero recibimiento tan intrigante y apetecible le hacia soñar con una diferente distracción en la ciudad.
Educadamente me acompañó hacia mi habitación, me ofreció su ayuda en lo que le necesitara, sin querer ser descortés me aproximé hacia el sofá. No podía con mi alma. Después de aquella escena, se retiró amablemente y me indicó el horario al que vendría a buscarme al día siguiente. Necesitaba descansar, pues no sabía que emociones me depararía el dia siguiente.
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