Trataba de desconectar su mente, aislarse del exterior. Su mirada fija, petrificando el cristal del automóvil. No importaba cuanto sucedía en su entorno. Queriendo quedarse en blanco y no pensar en lo ocurrido, Claudia veía arcoíris revoloteando por su imaginación, sopesando las opciones posibles y eso confundía demasiado. Sensaciones encontradas en su corazón habitaban. Sentía alegría de la opción única que se le había ofrecido, y al mismo tiempo un sabor amargo por estar sola abandonada a su suerte. Se consideraba una chica alegre, entusiasta y aventurera, sin embargo, también guardaba inseguridades, que aunque le costaba, intentaba no exteriorizar. Pero en ese trayecto costaba mucho, sentía un gran peso en su interior. Aquel hombre, Ravic decía llamarse, quién sabe una que creer de eso, pensó. Ya no esclarecía si era su situación o el perfume embriagador de ese hombre, el caso es que se sentía perdida mientras recorría kilómetros, conociendo la ciudad, a la espera de algo que rescatara su espíritu.
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