Aquella mañana se había despertado radiante, incluso a pesar de poner el despertador, el cálido sol que amanecía dulcemente la había despertado de una forma verdaderamente placentera. Miró su reloj y observó que aún faltaba una hora para el horario acordado, con lo cual era momento de ponerse manos a la obra. Llenó la bañera de la habitación del hotel dispuesta a darse un baño relajante, era lo necesario en ese instante para templar sus nervios para el resto del día. Había decidido escoger un vestido formal, sin ser ni muy ceñido ni muy corto, pero adecuado para tal encuentro y lucir radiante. Con su bonito vestido negro, y su precioso colgante de plata, esperaba intranquila los minutos previos a que llegara la hora sentada en la cama. Miraba a cada momento el reloj de la habitación y las agujas del reloj avanzaban eternas como un eterno reloj de arena. Caminaba por todos los rincones sin saber a donde mirar y el tiempo se acercaba y nadie tocaba a su puerta. Así pasaron minutos de la hora establecida, y la intranquilidad se comenzó a convertir en decepción, ¿ Era posible que aquel encantador de serpientes no fuera jamás a mostrar su presencia?. Salió de la habitación y bajó decidida a preguntar al recepcionista. Tras conseguir hacerle una descripción del hombre al que se refería, éste le comentó que sólo habían estando arreglando trámites y pagos sobre la estancia de ella en el hotel, pero que desconocía que tuviera intención de regresar a por ella. Tras dar las gracias,abatida deambuló hasta su habitación, ya no sabía si era por sentirse engañada y traicionada viendose cegada por aquel hombre, o si era por soñar la noche anterior un nuevo amanecer en su vida junto a él.
Has conseguido engancharme con esta historia, felicidades. Me encanta.
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